Villa Kodak.

Al igual que el cine, el teatro fue también perseguido por los censores.

El miedo del Régimen a que desde el teatro se pudieran dirigir directamente al público y consecuentemente se utilizara para hacer política lo convertían en uno de los principales objetivos de los censores.

Se censuraba todo, la vestimenta, determinadas frases y escenas e incluso obras completas.

Todo lo que no fuera dorarle la píldora al nacional-catolicismo era susceptible de ser censurado, de echo se obligaba a toda persona involucrada en una obra a "autocensurarse" de manera que de ninguna manera se pudiera hacer una lectura política de las escenas o textos que allí se exponían.

Por suerte, la picardía tanto del público como de los miembros de las compañías de teatro permitieron que no se cortara el vínculo entre el teatro y la sociedad de esos días.































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